After the hunt: Un ejercicio en empatía radical

Luego del rotundo éxito comercial de Challengers (2024) y el revuelo crítico causado por Queer (2024) era poco a lo que After the hunt (2025), la última película de Luca Guadagnino, podía aspirar. El agotamiento respecto a ciertos directores, especialmente después de varios estrenos consecutivos, es de esperar. Con esto en mente y considerando la falta de ese elemento “sexy” en su trama (característica ya casi demandada de la obra de Guadagnino), el ultimo y más reciente estreno del director italiano parecía estar destinada a fallar desde su concepción. La realidad no se desvió de la expectativa: tras unas brevísimas semanas en cartelera la discusión a su alrededor se limitó a las obvias comparaciones con Tar (2022) de Todd Field y a concluir que la sobreoferta de Guadagnino había llevado a un declive cualitativo, sólo remediable con unas necesitadas vacaciones lejos de la silla de dirección. Aunque creo que estas críticas son en parte merecidas, me parece que este “fracaso” revela muchísimo más de lo que aparenta acerca de nuestro espíritu epocal, nuestras manera de relacionarnos intergeneracionalmente e incluso acerca de la misma carrera del director.
After the hunt sigue la historia de Alma Imhoff (interpretada por Julia Roberts), una profesora de filosofía en una prestigiosa universidad estadounidense, cuya vida entra en crisis luego de que una de sus alumnas estrella de posgrado, Maggie (Ayo Edebiri), acusa a uno de sus colegas de cátedra y amigo cercano, Hank (Andrew Garfield) de abuso sexual. En parte la película funciona como un misterio alrededor de este suceso y su veracidad, así como también sobre la propia vida de Alma, quien desde un inicio se nos sugiere oculta un gran secreto de su pasado. Pero además pasamos bastante tiempo siguiendo las ramificaciones públicas y privadas de este hecho en la vida de los tres personajes: el pánico de Maggie, el despido de Hank de su cargo docente, pero por sobre todo el escrutinio al que se somete a Alma luego de no respaldar a su alumna en su versión de los hechos.
Este último aspecto del film es al que se le ha dado mayor atención, tanto en la promoción como en la crítica. After the hunt ha pasado a ser recordada como otra entrada en una lista de películas que intentan, la mayoría de las veces sin mucho éxito, realizar una biopsia del fenómeno de la “cultura de la cancelación”. Sin embargo, creo que por debajo del discurso inflamatorio acerca de la ética de la cancelación, el impacto del Me too y de las falsas acusaciones yace una película mucho más compleja, que tiene más que ver con la relación entre dos mujeres y sus distintos vínculos con la violencia de género.

La cámara subjetiva
El aspecto fundamental de la película para comprender esto es el hecho de que todo lo que presenciamos está mediado por la perspectiva de Alma. El cine cuenta por default con una ilusión de transparencia y objetividad que otros medios necesitan construir. Es por esto que tendemos a identificarnos con la perspectiva de los protagonistas y asumir sus narraciones como recuentos objetivos de los hechos. La cámara, a diferencia de la pluma, no miente. Pero esto es falso, la narración cinematográfica tiene la misma capacidad de la literatura de asumir diversas voces y personas narrativas. El problema es que estas (en especial en sus usos magistrales) suelen ser más complejas de detectar.
Guadagnino a lo largo de su carrera ha jugado con esta manía objetiva del cine, creando narradores más complejos de lo que aparentan. Por ejemplo, Call me by your name (2017) funciona como un recuerdo de su protagonista, lo cual cambia por completo la interpretación que podemos hacer de los sucesos presentados. Todo está teñido por el filtro romántico de la memoria. Algo similar sucede en After the hunt. Debemos comprender que los sesgos de Alma, sus prejuicios e inclinaciones, son las manos que nos empujan hacia una interpretación particular. Esta es una de las razones por la cual es esencial que nunca presenciamos efectivamente que es lo que sucedió entre Hank y Maggie, ya que tanto de la película está puesto sobre este juego intencional de hacernos confiar en el relato artificial de Alma.
Así es como debemos comprender la temprana caracterización de los personajes. Desde el comienzo del film se nos presenta a Hank y Maggie como opuestos. Hank es joven, carismático, tal vez un poco soberbio pero de una manera que no deja de ser querible. Discute con sus alumnos como pares y contradice a Alma, en vez de temerle como los demás. Todo esto crea una imagen simpática (hasta incluso patética) de su personaje, que nos lleva a confiar en él. Alma conoce a Hank, lo quiere, por lo cual nosotros también.
El caso de Maggie es el contrario. Es tímida, inaccesible y misteriosa. Desde un inicio se la define por la mentira. En una de las primeras escenas de la película vemos cómo roba un papel de un sobre escondido de la casa de Alma, y luego nos enteramos que su tesis está llena de plagio.
Otro factor importante para entender la manera en que se construye a Maggie es su obsesión por su docente. Podemos ver que siente una mezcla de amor, pánico y veneración hacia Alma que resulta hasta un poco incómoda. A lo largo de la película se genera una incertidumbre acerca de si Maggie la desea, la quiere como madre o solo quiere usar su piel. Este aspecto de su personaje me remite al personaje de Glenn Close en la ya icónica Atracción fatal, una amante obsesiva y pegajosa dispuesta a llegar hasta el crimen por sus afectos. Pero mientras Close contenía todos los miedos de su década hacia las mujeres (en particular el arquetipo de mujer desalmada, sin familia y orientada hacia su profesión que se comenzó a crear bajo el reaganismo), Maggie funciona como un contenedor similar de todas las caricaturas conservadoras actuales de la juventud progresista en Estados Unidos: queer, feminista y negra.
El resultado de esto es que una vez que se comienza a poner en tela de juicio su acusaciónno tenemos por qué sorprendernos. Compartimos la confusión de Alma y hasta llegamos a indignarnos junto a Hank. Por unos tres largos cuartos del film esta es nuestra hipótesis aceptada: Maggie miente, Hank y Alma son víctimas de la titular “cacería de brujas”. Hasta que con solo media hora restante Guadagnino nos mueve el suelo debajo de nuestros pies: luego de admitir sus sentimientos por ella, Hank besa a Alma. Ella le devuelve el beso e intenta alejarse, pero él no se lo permite. La pone contra la pared y no para hasta que ella grita y lo empuja. La cámara de Guadagnino avanza sobre ellos, impidiéndonos mirar a cualquier otro lado. Es una escena oscura y gris, solo iluminada por tenues rayos de sol de una tarde nublada. No hay cortes, no hay música. Nada que nos pueda distanciar de la aprehensión de que la película nos ha engañado y que nosotros entramos en su trampa con gusto. El gran truco de Guadagnino (similar al de Nabokov en Lolita) es hacernos olvidar que sabemos que el porcentaje de falsas acusaciones es ínfimo, que existen muchísimos más profesores asquerosos dispuestos a aprovechar su posición de poder que alumnas maquiavélicas, y que muchas veces esos docentes se esconden detrás de una fachada amistosa y progre. Y lo fantástico es que logra esto sin necesitar verbalizarlo en ningún momento. Guadagnino recontextualiza todos los hechos de la película a través de implicación y gesto. En un segundo pasamos de un thriller a un drama. La pregunta cambia de porque Maggie está haciendo esto, a porque Alma (y nosotros con ella) fallamos en creerle.


La paradoja de Ulises
En una escena (que ha obtenido la mayor cantidad de comparaciones con Tar, ya que concluye con Roberts ridiculizando por demás a una alumna por su postura “políticamente correcta”) Alma le pregunta a su clase qué significa la frase de Adorno: “no hay vida correcta en la equivocada”. Hasta aquí me parecen obvios los hilos que podemos trazar entre este dilema y el conflicto de la película: ¿Qué significa obrar justamente en una sociedad injusta?¿Y cuál es el punto de hacerlo si todo intento es intrínsecamente fútil?
Sin embargo, aún más relevante aún me parece la apelación a la “paradoja de Ulises” de Hannah Arendt, que brinda una estudiante para salir de este dilema. Esta parábola, como se dice en la película, cuenta que “Ulises estaba sentado en la corte de los Feacios cuando un poeta ciego comienza a cantar la historia de Troya y de su héroe Ulises, quien no sabe que está sentado frente a él. De repente Ulises empieza a llorar. Arendt dice: “por supuesto que no había llorado antes de escuchar lo que había pasado. No es hasta que escuchó la narración que entendió su verdadero significado.” Creo que este momento encapsula el verdadero conflicto del film.
Hacia el final Alma le confiesa a su marido que en su niñez mantuvo una relación secreta con un amigo de su padre, a quien acusó “falsamente” de abuso luego de que la dejara. “Era un buen hombre, a quien destruí con una mentira y la verdad es que lo amo”, dice. Alma no puede creer en Maggie por lo que su relato revela sobre ella misma. Reconocer la verdad en su acusación sería comenzar a comprender que ella tampoco fue responsable de lo que le pasó y que la culpa que siente desde niña no es de ella. Maggie es la poeta ciega contándole a Alma su propia vida.
Pero poder escuchar no es tan simple como oír; implica un acto de empatía enorme por parte de Alma. Implica poder salir de ella misma, encontrarse consciente y activamente con una otra. Aquí es donde me parece que el guión de Nora Garrett se diferencia de películas anteriores sobre estos temas, como Tar. A diferencia de Lydia Tar, a quien entendemos pero con quien no podemos simpatizar, Alma es un personaje marcado por la empatía: la de ella hacia Maggie, la nuestra hacia ella y consigo misma. Por esto también es importante que nunca accedamos a la verdad. Guadagnino y Garrett, desvían el foco de Hank para ponerlo sobre el vínculo entre estas dos mujeres y sus relaciones con la violencia patriarcal. Esto último también tiene que ver con que ambos personajes representan generaciones distintas, cosa que trunca su capacidad de reconocerse la una en la otra. Esta disonancia generacional me parece perfectamente encapsulada en dos líneas de diálogo que se cruzan cuando Alma confronta a Maggie luego de que comiencen las represalias contra la primera por no apoyar a su estudiante en su testimonio:
Alma: No todo debe hacerte sentir cómoda, Maggie. No todo debe ser un baño tibio en donde puedas quedarte dormida hasta ahogarte.
Maggie: Y no hay ninguna recompensa en la muerte por haber sufrido tanto como sea posible en tu puta vida.
Alma representa una generación de mujeres dentro de la academia que tuvieron que luchar y defender su lugar, a pesar de las trabas y violencias a las que se las sometía. En cambio Maggie representa una cuarta ola del feminismo, post Me too, que concibe de una manera completamente distinta qué significan la justicia y el poder, y que no ve un valor en lograr triunfar bajo un sistema opresivo. Esta brecha sólo puede ser saldada a través de un ejercicio empático de reconocimiento de una en la otra. Maggie y Alma son un espejo doble, reflejos distorsionados. Un recuerdo pasado, un presagio futuro.
En la última secuencia del film oímos en la radio que la empresa Meta pondría fin a sus programas equidad e inclusión, así como también a sus herramientas de verificación de datos. Esto sucedió realmente el enero pasado. No es ninguna novedad que el mundo pareciera estar torciéndose cada vez más hacia el fascismo y aunque sea cliché decirlo, la derecha siempre va a intentar ir tras los derechos de las mujeres. En este clima, After the hunt me recordó lo importante que es intentar construir puentes (por más complejos y disímiles que sean) con las mujeres a mi alrededor y que la empatía no es solo algo que se le ofrece a un otro, sino que también es un obsequio que debemos intentar darnos a nosotras mismas.
Alma Lombardero Gutman

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