Candelabro: un salto de fé
Estética de Deseo, carne y voluntad

Candelabro, joven banda de Art rock oriunda de Chile, nos presentó su segundo LP, Deseo, carne y voluntad el 2 de octubre de 2025; hoy, conmemorando el aniversario de su segundo trabajo de estudio, nos adentraremos en el imaginario estético que construyeron a través de este disco. La banda, compuesta por Matías Ávila (voz y guitarra), Javiera Donoso (teclados y voz), Carlos Muñoz (bajo y piano en estudio), Franco Arriagada (batería), Nahuel Alavia (saxofón), David Romero (guitarra), Isidora Aldonza (oboe) y Luana Campos (piano), nos trae una propuesta inexorablemente movilizadora: la búsqueda de la identidad, en el plano colectivo e individual, a través de la pregunta ancestral sobre la existencia de un ser todopoderoso capaz de ordenar la vida humana desde el principio de los tiempos. Es así como Candelabro mediante este disco de carácter conceptual y progresivo pone sobre el tamiz cuestiones que apuntan directamente a los afectos, la identidad del pueblo chileno, sus luchas, victorias y fracasos, junto con la búsqueda implacable de respuestas en el plano introspectivo. Encontrar el sentido del devenir, ¿de dónde venimos?, ¿dónde estamos? y ¿hacia dónde iremos? ¿Existe algo determinado o a nuestra existencia la ordenan leyes caóticas que pocas respuestas nos pueden dar? Candelabro coloca al oyente en la búsqueda enigmática de la verdad, pero no desde un posición de verticalidad, nada de patronazgo existe en el discurso, este disco invita a quien desee escucharlo a reflexionar junto a ellos, a plegarse sobre uno mismo para buscarse en los adentros.
Este artículo busca por lo tanto ser un fugaz acercamiento hacia los elementos estéticos y formales que componen este LP, reflexionando sobre qué ideas y conceptos se pueden extraer de este trabajo construido por la banda chilena. Dichos elementos no se encuentran implícitos en la obra, la misma comunica sus intenciones de manera inmediata. Comencemos entonces desglosando aquello que desde un principio ordena y dota de condición de existencia al disco, su título.
Deseo, carne y voluntad, tres elementos que condensan su contenido conceptual. Cuando nos encontramos ante la palabra deseo la teoría psicoanalítica freudiana resuena, el deseo como pulsión, como aquello latente que descansa en el inconsciente. Sin embargo, no es un concepto aislado, dos palabras se suman a él, carne y voluntad, y aquí es cuando la teoría freudiana no nos permite analizar la totalidad de las intenciones de Candelabro, más sabiendo, como se ha afirmado antes, que el contenido del disco ronda en la búsqueda teológica y metafísica, mediada por las condiciones materiales de existencia del pueblo chileno.
Sin embargo, el deseo adquiere una relevancia distinta cuando nos acercamos a la relación entre carne y voluntad, aquí nos puede ayudar a reflexionar el sistema filosófico de Arthur Schopenhauer, el voluntarismo.
No es ni mucho menos mi intención explicar el sistema filosófico de Schopenhauer en este artículo, invito a quien se encuentre interesado en acercarse a su filosofía a leer su libro, El mundo como voluntad y representación (1818), donde se condensan las ideas que serán expuestas a continuación.
En la filosofía de Arthur Schopenhauer, la noción de voluntad constituye el principio metafísico fundamental y la clave interpretativa de su sistema. El autor distingue dos dimensiones complementarias de la realidad: por un lado, el mundo como representación (Vorstellung), es decir, el conjunto de fenómenos que se presentan ante el sujeto cognoscente bajo las formas del espacio, el tiempo y la causalidad; por otro, el mundo como voluntad (Wille), que designa la realidad en sí misma, el fundamento nouménico que subyace a todas las apariencias. La voluntad, entendida en este sentido, no se identifica con un acto racional ni con una decisión consciente, sino que se configura como una fuerza ciega, irracional y eterna, presente en todos los niveles de la existencia. Aquí cabe destacar que como efectivamente el lector puede estar sospechando, la metafísica de Schopenhauer se acerca a la teoría psicoanalítica, es más muchos afirman que esta última es deudora del voluntarismo en varios conceptos que la constituyen. Sin embargo, no olvidemos que la voluntad, a pesar de ser una fuerza irracional y caótica, parecida al inconsciente freudiano, tiene un carácter universal, es decir, no es solo propia de los seres humanos, sino que es un principio ordenador de la existencia. Existe voluntad en una piedra, en un animal y en un ser humano.

Ahora ¿cómo se da la relación entre el mundo fenoménico y el nouménico? En otras palabras, ¿cómo se relacionan la carne y la voluntad?
Para adentrarnos en nuestra pregunta volvamos sobre la premisa que ronda discursivamente a todo el álbum, la búsqueda teológica del sentido de la vida a través de una fe problematizada por las condiciones materiales de existencia del sujeto. Para ello tomaremos tres canciones del disco, “Liebre”, “Pecado y “Cáliz”, siendo esta selección una clara fundamentación de las ideas que rondan al disco y su relación dialéctica entre el pesimismo schopenhaueriano, la teología de la liberación y la estética decolonial.
“Liebre” comienza con un riff de guitarra eléctrica que cumple la función de antecedente de la melodía conformada por tresillos que ejecutan el saxo y el oboe. Ambas construyen el eje temático de la introducción, el cual a la vez subyace durante toda la estrofa. Luego se introducen las voces, las cuales harán de figura, pasando los instrumentos a ser fondo. Aquí es donde mediante la lírica la banda expone la problematización del yo poético de la canción. A través de una descripción de un recuerdo onírico se plantea la imposibilidad de conseguir aquello que se persigue, en este caso alcanzar a una liebre que es vista en sueños, y que, como consecuencia esto lleva a la frustración y a la muerte. Esta escena onírica da paso a la segunda parte de la canción, la cual comienza luego de un pasaje instrumental sin un pulso estable seguida de un silencio. El mismo resulta necesario debido a que esta parte es diametralmente distinta, tanto melódica como rítmicamente. A nivel estructural resulta menos compleja que la primera parte, debido a que formalmente se trata de una progresión de tres acordes que se repiten constantemente hasta el fin de la canción. No obstante, esto es funcional a la voz: debido a que ahora el yo poético, desarrollado en primera persona, nos habla y recita aquello que lo conflictúa, la función musical aquí es ampliar las texturas añadiendo vientos y capas sonoras a medida que el recitado se vuelve cada vez más intenso y expresivo en su declamación. Es en este recitado donde quien nos habla entra en una crisis a causa de la no comprensión de la inconmensurable existencia, así es como el desarrollo discursivo de la canción tiende puentes con la filosofía schopenhaueriana.
“Y pese a todo yo no me siento
Parte de esta masa que me aprieta
Las costillas y que dice mi nombre
Que sublima cuatro letras y me nombra
A su antojo y lo repite y lo repite y lo repite
Hasta que mi persona pierde la relación
Que hay entre mi ser y mi firma.
Y yo muerdo, masco
Rompo este envoltorio, esta máscara triste y corroída
Y yo rompo, pero nunca lo suficiente
Y establezco estas cláusulas
Indefinidamente tristes
Porque un sabor que tengo en el alma me deprime
Cosas, que escapan de mi manejo”
-Liebre, Candelabro
Comprendemos aquí como la crisis atravesada por el yo poético se condice con las condiciones básicas que son el motor de la existencia en la filosofía pesimista, la tristeza y el dolor. Esta tristeza es impulsada por el deseo que conduce directamente a la insatisfacción ya que satisfacerlo resulta una tarea imposible. De esta manera la voluntad y el deseo son condiciones de la existencia que se encuentran intrínsecamente unidas, y que como consecuencia llevan siempre al sufrimiento y la tristeza.
Sin embargo, Candelabro decide adentrarse en la búsqueda metafísica de la comprensión de la propia existencia, y es aquí donde la banda comienza a problematizar la fe. La religión puede ser una salida que estructure y ordene las inquietudes metafísicas del sujeto, aun así la banda no rehuye al contexto particular, tiene en cuenta sus condiciones materiales de existencia, como sujetos provenientes de un continente históricamente colonizado y alienado por el poder hegemónico. “Dios puede ser la salvación” plantea la banda alrededor de todo el disco, pero parece que el mismo se olvida de aquellos que más padecen. Es así como nos encontramos ahora con la siguiente canción, “Pecado”.
Estructuralmente resulta similar a “Liebre”, la banda comienza introduciendo el tema melódico-rítmico que rondará toda la canción. Luego de esto aparecen las voces que exponen la problemática antes mencionada mediante la lírica “Dios está perdido en una calle de Estación Central”. A continuación, la banda recurre de nuevo a un pasaje instrumental que funciona de enlace con una última parte recitada, pero esta vez tiene un desarrollo más largo y complejo que en la canción anterior: los vientos acentúan el modo frigio en el cual se encuentra inscripta armónicamente. Durante la última parte de la canción el recitado pasa a ser figura y la melodía en modo frigio queda en el fondo. Aquí se desarrolla la problemática planteada desde un principio alcanzando el clímax en la frase “Dios no elige a su pueblo, el pueblo elige a su Dios.”
Matias Ávila, líder de la banda, declara en el medio chileno “Reverberancias” cómo afronta su fe desde el catolicismo. Allí explica cómo el álbum fue un medio para reflexionar sobre la doctrina social que ronda a la Iglesia en estos últimos tiempos.
“Entender el catolicismo y las distintas aristas que tiene, la doctrina social o la teología de la liberación, son puntos distintos de lo que pregona en los sectores más conservadores.(..) Es importante poner estos temas sobre la mesa, Dios, que es todo y a la vez es nada, nos pertenece a todos. “ (Matias Avila 2026).
Aquí vemos cómo la crisis existencial y de fe sufre un cambio de paradigma al interior del sujeto en el álbum. Y es que sistemas de pensamiento como el de Teología de la liberación (1972), libro escrito por Gustavo Gutiérrez que resulta sustancial para la doctrina social de la iglesia, sirven como puntapié para pensar un sujeto de acción en la historia, el cual mediante la fe pueda formar parte de la transformación de estructuras sociales. También esto lleva a pensar en la reflexión del pueblo latinoamericano frente al imperialismo colonial que ejerció el catolicismo a lo largo de la historia. Candelabro de esta manera le habla al público de la alienación del pueblo y de la liberación a partir de una ideología decolonial.

Para finalizar y darle sentido a este giro dialéctico que se da al interior del álbum, resulta pertinente mirar al interior de la lírica de la canción “Cáliz”. La misma propone una estructuración similar a las anteriores, alternando entre recitado y melodías de voz cantada, siendo el recitado aquella parte donde el yo poético fundamenta su sistema de pensamiento. Sin embargo, cabe destacar que existe una heterogeneidad de voces en este tema, que trae el archivo sonoro de una entrevista realizada a Humberto Maturana en el programa “La Belleza de Pensar”. Además resuena al interior de la discursiva un pasaje en el que que reafirma la autonomía del sujeto como individuo activo en la vida social y política en relación con la fe católica. Él está haciendo ahora mismo sus huesos, criando su sangre y ensayando sus sentidos. A él no se le puede responder “Mañana”. Él se llama “Ahora”.
Esta reflexión se condensa finalmente respondiendo con la frase, “soy yo quien pregunta, soy yo quien responde esta vez”. Vemos ahora cómo aquella crisis causada por la incertidumbre de la voluntad del pesimismo schopenhaueriano es temporalmente resulta al darle autonomía al sujeto mediante la fe, que sirve como respuesta para afrontar un mundo lleno de adversidades inconmensurables que no solo afectan al sujeto en el plano cultural sino que también ponen en crisis su sensibilidad emocional ante el mundo
Candelabro nos invita a reflexionar sobre nuestro sentido de pertenencia, sobre nuestra identidad, y, no menos importante, sobre nuestro ser sensible en un mundo distópico que tiene a la fe en estado de crisis. La banda elige creer en aquello intangible que ordena la existencia del sujeto, pero ante todo elige: el sujeto es pensado activamente y Dios ya no es un extraño sino que es parte intrínseca de aquel que toma la decisión de arropar la existencia a la fe. En tiempos donde la tecnología maquínica subordina al sujeto, Deseo Carne y Voluntad es un grito a la humanidad, una reivindicación de nuestro carácter sagrado, un salto de fe.
Gonzalo Andrés Cuello

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