Reflexiones sobre Tristeza Criolla
Una charla de café junto a Pablo Bechara

El dia 28 de agosto de 2026 en el barrio de Caballito tuve la dicha de compartir una charla de café junto con Pablo Bechara, cantante y líder de la banda Pretoria, la misma giró en torno a la salida de su último material de estudio Tristeza Criolla, disco lanzado el 21 de agosto. A lo largo de este artículo uno puede acercarse a la cosmovisión estética, política y metafísica inscripta en el álbum, así como en la propia banda y particularmente en Pablo Bechara, quien nos habla de cuestiones relacionadas a la construcción de una identidad nacional en tiempos de una globalización atomizadora; del cuestionamiento de determinados estamentos que alienan al sujeto, y de la esperanza en forma de promesa por un futuro mejor, cristalizada en la conmovedora frase “hoy soy joven, mañana quiero estar con vos”.
-Primero quería arrancar hablando de cómo nace la idea de este álbum. El anterior, Historias de Terror, fue lanzado en 2023. ¿Cuándo dieron por cerrada esa etapa y decidieron empezar a trabajar en el material nuevo?
-Cuando nosotros terminamos de tocar Historias de Terror lo que pasó fue que había que cerrar una etapa de laburo que no fue tan colectiva, porque en realidad el disco anterior lo laburamos Fran y yo con el productor Luisma, que después se termina sumando como bajista. Y a partir de ahí armamos la banda, la formación actual. Defendimos en vivo Historias de Terror y dijimos “bueno, hay que matar esta etapa”, hay que ver si queremos seguir y cómo.
De hecho estuvimos muy a punto de tocar fondo o empezar desde cero. Que no es desde cero igual porque nos conocemos, pero sí hubo una charla sobre cómo queríamos seguir y comprometernos en la composición, en el craneamiento del disco, en todo eso. Y los cinco quisimos seguir. Entonces, una vez que matamos esa etapa de historias y terror, se armó o me topé con un proceso creativo que nace particularmente cuando veo Popular tradición de esta tierra de Mariano Llinás.
Por supuesto, conectadas a experiencias personales o a cosas que me habían pasado en la vida, pero sí hubo un corte histórico que nace de ahí, que fue en diciembre de 2024, yo empiezo a componer o a tener disparadores creativos y conceptuales.
Empiezo a hablar con los chicos: “che, quiero encarar el disco por acá con esto, con este disparador de la película, mírenla a ver qué les parece”. Y ahí empezó ese proceso creativo de componer un paquete de canciones, algunas de las cuales quedaron afuera, que ya ni me acuerdo, pero están ahí dando vueltas.
De todos modos, siempre se conecta con la manera de laburar o de componer canciones que hubo en el disco anterior, o con Salud y adolescencia también, que tiene que ver con este paquete de canciones que coincide conceptualmente con lo que quiero decir. Me gusta escribir así, los discos abren y cierran una historia. Se dio rapidísimo, por lo menos esas canciones se dieron rápido, yo calculo que en dos o tres meses compusimos todas las canciones.
-Es evidente que existe una cuestión estilística, desde lo sonoro con pasajes instrumentales en estrecha relación con la música ambient o con el sonido garajero que sigue estando ahí, como lo estuvo también en el disco anterior. Pero sobre todo en la lírica uno nota una cohesión que trata nuestra idiosincrasia, esa identidad nacional. ¿Esta cohesión estilística nació de la idea misma que dio lugar al álbum o fue algo consecuente que con el tiempo fuiste unificando y trabajando?
No nos gusta componer canciones al tuntún, ojo, recién estaba pensando, no es que estemos en contra, no es que nunca vayamos a hacer un disco de canciones colgadas. No, quizá algún día hacemos canciones que no se conecten la 1 con la 9, ni que tengan que ver. Eso no lo pienso siempre, no creo que sea algo para siempre, ni una manera ortodoxa de laburar, pero sí que en los últimos discos estaba fomentando ese tipo de composición: que todo se nuclee en una idea macro, que después obvio va teniendo aristas y se va ramificando en pequeñas ideas, pero sí que todo esté todo conectado.

-Quería indagar un poco en el yo lírico de las canciones, creo que es uno de los elementos que reflejan la identidad del disco. Me llama mucho la atención que quien escribe y canta habla en primera persona, pero que a la vez se construye inscripto en una identidad colectiva que problematiza cuestiones culturales.
Uno escucha el disco y se siente identificado. Dice “estas cosas me pasaron a mí, estas vivencias en algún punto me reflejan”. Esta amalgama entre tradición y modernidad; entre la tecnología, el capitalismo y también nuestro folklore. Entonces pensaba: ¿dónde queda la identidad del pueblo en estos tiempos tiempos que corren donde todo está tan atomizado? Y ¿dónde queda nuestra tristeza y nuestro ser criollo?, que son esas dos cosas que rondan en el álbum.
-Parto de ese yo que decías vos del protagonista de cada canción o del disco.
No soy yo, no es Pablo Bechara el protagonista, pero a la vez estoy ahí, mi vida está ahí y mi visión del mundo y del país están ahí, mi tradición o mi identidad están ahí. Lo que me trajo hasta acá está. Desde los géneros o los recursos musicales utilizados hasta las sensaciones de todos los protagonistas de las canciones están, pero no es un disco autobiográfico en lo explícito. Sí hay pequeñas cositas que por supuesto parten de literalidades, valga la redundancia.
Después lo segundo, claramente la visión pretoriana, plasmada en el disco, es mi visión filosófica y mi visión artística. Toda mi alma y mi visión metafísica de todo por supuesto, respecto a la tradición, respecto al arte, a la composición de canciones, a la tradición, a los bardos del país, a la situación económica; sí, todo eso está ahí. Y me pareció también una manera interesante de, no sé si aislarme de eso, pero sí crear mini ficciones o mini historias en las que, si bien no estoy hablando yo, Pablo Bechara, está hablando un ser argentino en el que me represento.
Y ese ser argentino afortunadamente trasciende mi edad, trasciende mi barrio, trasciende el haber crecido en un pueblo, el haber venido a la ciudad, todo eso. Y ahí es donde capaz que un chico diez años menor que yo puede sentirse identificado por vivir en la ciudad. Porque vive las mismas miserias que viví yo y que también me sirve para explicar todo el concepto macro del disco. Hablo de la canción argentina melodramática, triste, de todo eso, que viene del tango, viene de la cumbia, el rock también la ha tenido, y eso va a trascender, nuestros abuelos también sentían canciones así. Quizá con otro género, quizá un poco más tanguera, , pero ese hilo que une las canciones que escucharon nuestros abuelos, y que vamos a seguir escuchando nosotros, ese hilo es indestructible. Justamente, como decíamos, Tristeza Criolla es un melodrama heredado culturalmente pero que también se forja y se modifica acá con las cosas que van pasando, con los rappis y con las apuestas deportivas y con los géneros nuevos que van trastocándonos. Yo me acuerdo algo que decían respecto al trap. Que el trap era el nuevo rock porque capturaba la angustia generacional. Me sirvió de excusa para decir “claro, la canción puede cambiar de género o de base rítmica pero el nervio popular va mutando, va encontrándose en las nuevas canciones argentinas aunque la haga Duki o aunque la haga Camionero”. Capaz que alguno nos gusta más que otro,, no digo que no. Es innegable que la angustia o los problemas van variando de interés o de género, pero siguen estando ahí en la canción argentina.
-Uno cuando escucha la palabra “criollo”, automáticamente piensa en el folclore.Cuando escuchaba el disco pensaba en sacar la connotación musical de folclore únicamente y asociarlo más a los usos y costumbres que hacen a un pueblo, a una cultura; esos límites no son estáticos, van cambiando y hoy por hoy podríamos considerar que es parte de nuestro folclore Patricio Rey, por ejemplo. Ya están instalados en nuestro imaginario colectivo y trascienden esas barreras. Lo que hace este álbum es declarar eso como una verdad, y me gusta mucho encontrar álbumes contemporáneos que hayan salido ayer, que sigan hablando de esto, que sigan hablando de lo nuestro, pero de lo nuestro desde lo emocional también a pesar de la globalización galopante que nos intercepta.
-Sí, algo por lo menos a lo que aferrarse. Yo también pensaba en que el folklore debe ser entendido más en un término conceptual y no estilístico, es verdad. Y para lo que quisimos decir en este disco es, esto también va a ir mutando y adaptándose. Es casi como un ecosistema de influencias. Ya la canción argentina también puede tener influencias de la cumbia, del trap. Y eso hace mella en las cosas que nos gustan y en las cosas que nos influencian. Sí, es algo que trasciende al folklore: lo heredado ya no son solamente el folklore y el tango, también el rock nacional de los 2000 con el que crecimos está. Y también, aunque no sea argentino, el rock internacional, porque los tipos que hacían canciones, ya sea Charly u otro, por supuesto que estaban influenciados por los Beatles como yo hoy también estoy influenciado por Radiohead o por Nirvana. Y eso no quiere decir que no pueda hacer una canción de rock nacional o argentina con esas influencias que fui encontrando en estos años.
-Hablando de influencias, en la canción “Hospitales” hay una cita de Radiohead, no sé si fue intencional o no, pero ahí también a uno se le prende algo, esto también es parte de lo que uno encuentra afuera hacia dentro.
-Lo hago breve, “Hospitales” nace de una manera, como yo tenía esos acordes de la armonía, que eran más “Heart Shaped Box” de Nirvana. Y después aparece ese riff, medio “My Iron Lung” y la bajadita. Pero no lo quería esquivar, no quería decir. Lo hablábamos como ‘che, no, hagámoslo’. Porque esto también nos gusta, es casi como un sampleo a propósito. O sin querer igual, porque que lo hice sin querer y dije esto es Radiohead y a mí me encanta. Y después, hay pequeñas cositas de otras bandas que también están y , no me voy a oponer a eso. Es casi un homenaje y como te decía, son cosas que ya hoy en la cultura rock o musical están: el trap samplea cosas de rap de afuera y los de afuera también samplean cosas de acá.
-Es algo que capaz la música rock no está acostumbrado a admitir, pero incluso Charly lo ha hecho. Como dijiste, en el hip hop se hace todo el tiempo, da cuenta de qué es y cómo se lo construye también. Pensar que una obra nace de un repollo es pensar ingenuamente.
-Es un poco lo que también disparó el disco, sobre todo con la película de Llinás, nosotros lo que hacemos es reescribir las historias. No es que está todo inventado, pero al mismo tiempo lo que yo puedo estar hablando con vos acá, lo que charlo hoy a la mañana con alguien, la película que miro, los libros que leo; eso hace mella en mí y hace que mis canciones tengan todo ese bagaje narrativo. Capaz que le ponés un acorde distinto, un arreglo distinto, pero todo eso que está plasmado en una canción, es algo heredado o construido con influencias o con huellas que vienen de otros lados. Algunas son riff de Radiohead, algunas son charlas que tuve con alguien, algunas son cosas que miro en la televisión, o cosas que veo en la calle. Todo eso es el paquete de influencias que se vuelcan en una canción.
No tengo por qué renegar de eso y me desliga un poco de la responsabilidad, que es utópica, de crear algo nuevo, reinventar todo el tiempo el rock nacional. Un poco me recuerda a la charla de Lali con Charly:ella le dice “yo hago música” y Charly le responde “ya está hecha”. Yo coincido un poco con los dos. Ya está toda hecha, sí, pero también se puede entender que todo eso que ya estuvo hecho o que hizo Charly también viene de otro lado.
Él hizo mejores cosas que yo y que todos los demás. Pero también es cierto que él ha heredado de otros. Entonces eso te desliga o te saca peso: uno es más libre para jugar sin presiones.
-El eje de la mayoría de las canciones es una narración en primera persona. Pero hay una canción que es verdad que está narrada casi enteramente hablando de alguien, que es La niña. ¿Cómo se desencadenó esa historia y cómo elegiste narrarla de esa manera?
-La niña es parte de un capítulo de La flor, de la peli La flor de Llinás. Es una de las espías, cuenta cómo es el pasado de una de las espías de un episodio, una peli maratónica. Entonces lo que yo hice o quise adaptar es una historia de amor y de política o de su versión de rebeldía bélica basada en los tiempos de hoy. Porque veníamos con la idea de hacer una canción de alguien que se pase de revoluciones, valga la redundancia, y que crea que puede salvar al mundo con un acto. Literalmente que se pase de rosca, no entendiendo de contextos, no entendiendo de que quizá no es lo mejor hacerse el revolucionario, sino hacer un cambio profundo y cultural.
Coincidió también con otras influencias, otras canciones que venía analizando. Gente pasada de rosca. Coincidió que también se estrenó One Last Battle After Another de Paul Thomas Anderson, que tiene esta visión de que algunas personas de izquierda matando a un presidente no van a salvar al país. Y yo me quedé un poco con eso.
Capaz que el cambio venga de otro lado. Y la niña es un personaje que en la película lo narran y lo exponen muy bien: estas personas revolucionarias que por sí solas no iban a lograr un cambio profundo del sistema capitalista. Sobre todo porque también la visión europea u occidental de sus actos estaban un poco romantizadas. A mí me parece que la niña es un buen personaje ficticio porque nosotros no sé si estamos tan de acuerdo con que una persona así sea el faro a seguir. A su vez quisimos joder un poco con eso, meterla en una historia de amor, en la cual el protagonista es dejado por esta revolucionaria. Él sabe que es un derrotado o un fracasado por perder su amor y, sin embargo, al mismo tiempo sabe que eso expone cuáles son los mambos de ella. Entonces cuando ves todo su mambo decís: “Está bien, flaco, te dejó por hacer la revolución americana”.
-También hay algo de ella que habla de un inconformismo inagotable. ”No le alcanzó con que la amara mucho más que los demás”, dice la letra. ¿Cuándo alcanza y cuándo no?
-Porque es eso, y es justamente lo mismo que muestra otra película, Puerto Mansanto, de Perfidia, de la que justo nosotros en otro disco habíamos hablado. s ¿Desde dónde podés cambiar el mundo? ¿Con tu familia criando a tu hija bien? ¿No podés cambiar el mundo? Pequeños soñadores, protagonistas de la vida que creen que el país se cambia matando a un presidente. ¿Qué hacemos si hoy asesinan al presidente? Asume otro igual. Es otro el cambio que se tiene que dar. Nosotros queríamos que el protagonista lo entienda. Y por eso las estrofas y toda la data que hay sobre ella.
-También me gusta cómo eso se contrapone a otra canción, que es la última, “Mercedes”, mucho más nostálgica, pero a la vez cuenta con una promesa: “hoy soy joven y mañana quiero estar con vos”, que es decir”con esto basta”, con que yo pueda sentirme así con los míos basta. Estamos buscando y hay veces que las cosas están mucho más cerca de lo que creemos y me parece un gran cierre del álbum porque después de narrar todo esto, después de contar nuestros problemas, nuestras tristezas, nuestros desamores (como cultura hablo) llegar a ese lugar de hoy soy joven, hoy pienso todo esto, aunque a veces la juventud también es un estado, no es una condición del cuerpo, se termina concluyendo en algo tan simple como “mañana quiero estar con vos”.
-Lo que pasó fue que cuando armamos el disco, yo sabía que “Providencia” y “Mercedes” eran la cuota de esperanza, o de contestación, o de síntesis más que nada, de todo esto de lo que veníamos hablando previamente, que tiene un freno o un punto de quiebre en “La niña”. “Providencia” y “Mercedes” son como respuestas a “La niña”, de decir “che, puede llegar a estar todo bien”. “Providencia” te aclara el panorama. “Mercedes” es como el final o el desenlace bien dialéctico: tesis, antítesis, síntesis. Podés lograr todo esto y podés estar mejor en un mañana. Y jugábamos un poco con la idea de la dualidad entre si es una canción sobre amor o sobre otra cosa. Que parezca de amor, pero que en realidad pueda ser para un amigo, para mi relación con la música. ‘Mañana quiero estar con vos’ se lo puedo dedicar a la banda, se lo puedo dedicar a un amigo, a mi hermana, a quien sea. Quería jugar un poco con eso. Como un mensaje de esperanza sobre la argentinidad también. Y también lo de la edad, o lo del momento del mañana, la juventud y todo eso yo lo tomé por dos lados. Primero, por esto de que cuando uno es joven tiene más utopías. Estos rebeldes de los que veníamos hablando, uno se quiere comer el mundo por delante. Y como decís vos, el “ahora soy joven” es una idea falsa, podés tener 50 años para sentir eso, siempre y cuando en el mañana se confirme un cambio. Y ahí se me hizo el mensaje o la gran conclusión del disco: “Mañana quiero estar con vos, yo me quiero quedar con esto”. O quiero tener esto mañana, el amor, la amistad, la banda, las ganas de seguir creando relatos y canciones. También tiene que ver con el arraigo de quedarte en el país. Yo tuve muchos amigos que se fueron, que emigraron y eso. Porque no les alcanzaba, porque querían probar suerte, o porque incluso les pintó. Yo no, es al revés. Quiero quedarme acá con todo esto, o con mejores cosas. Casi como el “mañana va a ser mejor”. Había una canción de Lucas Martí que se llama “Basta de Berlín” justamente. Y que en un momento dice, “Quiero morir amando el país donde nací” o algo así. No me acuerdo bien la letra exacta ahora. Pero es justamente eso, como “yo mañana quiero todo esto y un poco más”.

-Quería preguntarte un poco por lo sonoro también, ¿cómo fue el proceso compositivo en ese sentido? ¿se fue construyendo con ideas que traían cada uno y luego trabajaban colectivamente? Noté una línea sonora homogénea a lo largo del álbum. Me llaman mucho la atención estos pasajes instrumentales que hay con sintes entre algunos temas, sobre todo yendo hacia el final y también la presencia de la guitarra eléctrica como protagonista. Pero que a la vez se amalgama con sonidos poperos, con sonidos criollos. ¿Cómo fueron laburando todas esas facetas?
-Fue un bardo. A nosotros nos pasa que queremos jugar; al no tener sello, ni managers, ni productoras, ni nada de eso, somos bastante libres a la hora de crear las canciones y de no seguir una línea tan fija, ni nuestra ni de lo que anda dando vueltas. Por un lado no nos gusta ni repetir. No queríamos repetir lo que hicimos en Historias de Terror. Que ninguna canción sea idéntica al álbum anterior. Y tampoco nos gusta porque no sirve, no porque esté mal. Tampoco nos gusta copiarnos o decir “che, Mujer Cebra está rompiendo acá, Camionero está rompiendo allá, La Grecia está rompiendo con esto”. O pensar, “tengo que hacer esto porque hoy la gente está escuchando de vuelta rock”.
No porque no sean buenos, repito, es más que nada porque llegás tarde. Si vas a hacer shoegaze hoy, llegás tarde porque ya lo hicieron otros mejor que vos. Y a mí me gustan muchísimo bandas de diferentes estilos y no tiene ningún tipo de sentido hacer un disco copiado a Crisá o a Fevernova, que me encanta. Porque ya lo hicieron mejor que yo. Entonces me libera.
Y eso le da una peculiaridad a la canción para que cuando vos escuches pienses “Tristeza Criolla“, “che, esto no se parece tanto a Nena Genix”, “no se parece a Rey y Bruja”. Los cinco en Pretoria tenemos este bagaje musical que nos trajo hasta acá y lo procesamos por lo menos en estos cuatro minutos así. Y capaz que nos gustan las mismas bandas pero nuestro procesamiento se cristalizó en estos sonidos. Tienen su folklore y tienen Queens of the Stone Age así como también aparece Radiohead, como mencionamos, y también tienen otras bandas nuevas que nos gustan.
Por otro lado todas las influencias queríamos que sean no te digo raras, pero sí lejanas o de distintos palos. Justamente para eso: para que las canciones sean un poco raras. Sé que “Hospitales”, ponele, tiene Radiohead y Nirvana que más o menos se encuentran cerca de algún modo. Pero al mismo tiempo la lírica es distinta, bastante argentina, tiene algo que ya he mencionado un par de veces, una forma de escritura o de narrativa que es más Cerati, o Divididos, todo un paquete de conceptos conectados. Ellos hacen mucho eso, si tienen que hablar de un café, los conceptos que utilizan son relacionados a un café, que es algo que yo había hecho en “Un funeral” o en “Fantasmas”.
Yo quería que suene a Pretoria, que alguien diga esto es pretoria y no es otra banda y eso también hace que seamos medio indescifrables,no sabes con qué te vas a esperar. Capaz que es re difícil después ubicarnos y encasillarnos y es un bardo porque cuando viene a tocar una banda de afuera al Movistar Arena, no podemos ser teloneros porque somos un engendro, pero también nos libera porque el día de mañana si queremos hacer un disco de electrónica o de punk podemos ir ahí, porque estamos liberados. Además es re entretenido para tocar, porque si no los treinta temas que tocamos en un show son iguales.
-El laburo para salir a tocar el disco en vivo ¿como lo están pensando?Yo lo he visto en vivo una vez, antes de que salga, y me gusta que haya, por ejemplo, inclusión de sonido back que genera una experiencia más inmersiva.
-Hay tres puntos que tengo que tocar. El primero es que nosotros queríamos antes de que salga el disco tocarlo en vivo para que la gente conozca las canciones antes de que salgan. Que es medio a contramano de lo que hacen todos de “saco un disco y después lo presento” para vender y para llenar lugares. Nosotros queríamos hacerlo al revés porque sabemos que la cosa está re jodida y que dar una entrada para escuchar una banda es hoy por hoy el gesto más amable que puede tener alguien del otro lado, porque paga sus veinte lucas contando lo que tomás, el viaje hastael lugar donde tocamos.Primero es un gracias por confiar en esta canción nueva que estamos estrenando y segundo es lo vas a escuchar antes del que no quiso venir y que lo va a escuchar en Spotify recién en agosto de 2026.
Lo segundo es que nosotros queríamos una reivindicación del vivo, de que haya una sorpresa, un aura ahí. Ahora está de moda el aura, pero un aura de “mirá esta canción es nueva” y la escuché antes.
Lo tercero es esto de los samples o de la pachera en vivo. Nosotros ya veníamos con ganas de divertirnos un poco más en vivo, de tocar algunas cosas nuevas, sobre todo con Fran ya habíamos hablado de ‘che por qué algún día no usamos dos teclados’. Pequeños experimentos para que el vivo sea más entretenido para nosotros y no siempre las dos guitarras sonando. Somos una banda de canción. Hoy justo me mencionás lo de la guitarra: sí las guitarras son quizás el alma de Pretoria, pero al mismo tiempo queríamos entretenernos más. Para este disco lo que hicimos fue no sobreproducir tanto, que no haya cinco mil guitarras, y seleccionar las centrales, por ejemplo “Hospitales” tiene una guitarra mía y no más, para después en vivo poder defenderla lo más parecido que se pueda al disco. No tenía mucho sentido sobreproducirla. Y tampoco podíamos contratar a mil personas para que toquen tres guitarras más o tres teclados más. Lo pensamos un poco así, como “esta vez no lo llenemos de pistas”. No hay tantos coros, no hay acústicas, o capaz que hay algunas, no me acuerdo, pero nada, cositas así. Sabemos que “Mercedes” es la más difícil, pero también yo ya sabía esto cuando la compusimos, dijimos: “Esta canción va a ser difícil de defender en vivo, no la vamos a tocar tanto”. El que vaya de vez en cuando se la va a encontrar. Pero queríamos un poco jugar con eso y ofrecer sonidos nuevos o matices nuevos al repertorio que ya teníamos.
Quería comentar una última cosa para finalizar: nosotros tuvimos un problema, después de “La niña” venía un enganchado, un cover de Ignacio Corsini que es “El adiós”, una canción justamente sobre el desamor y todo eso que enganchaba perfecto. Estábamos con el Melotrón, tipo The Strokes. Pero una reversión, un tango reversionado con un solo teclado, sin percusión ni nada, y Agus, la tecladista, cantando. Como nos demoramos muchísimo en producir el disco, en terminarlo mejor dicho, las plataformas no nos habilitaron el cover. Y “La Niña”, que iba a tener un track oculto, tuvo que salir sola. Iba a ser espectacular, la idea es subirlo igualmente en el futuro.
Gonzalo Andrés Cuello

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