Un análisis del tiempo en Emma Zunz

La revuelta suspende el tiempo histórico e instaura de golpe un tiempo en el cual todo
lo que se cumple vale por sí mismo, independientemente de sus consecuencias
y relaciones con el complejo de transitoriedad.
Jesi, Furio, Spartakus: simbología de la revuelta
¿Qué es el tiempo? Si nadie me lo pregunta, lo sé, o por lo menos imagino saberlo.
Pero si he de contestar a quien me lo pregunta, ya no lo sé.
Agustín de Hipona, Confesiones
A lo largo de la obra de Borges encontramos múltiples referencias y tematizaciones del sentido de la temporalidad, de su estructura íntima y de la experiencia subjetiva del tiempo. En “El Sur”, por ejemplo, despliega un juego entre las decisiones de Juan Dalhmann y el destino que se le impone, expresado especialmente en el cambio del tiempo verbal de la última oración del cuento. Por otro lado, Funes, protagonista de “Funes, el memorioso”, al ser incapaz de olvidar, vive en un instante eterno de presencia absoluta, suspendiendo el tiempo y el mutar de las cosas en una multiplicación infinita de las peculiaridades de la percepción, logrando así una tensión entre la dispersión absoluta que significa el fluir temporal y la unidad total de su permanecer retenido tal como fue dado en cada momento. Sin ir más lejos, El Aleph comienza explorando los efectos de una vida eterna, es decir, un tiempo subjetivo que no tiene fin, en el cuento “El inmortal”. El cuento que da título a ese libro juega nuevamente con las ideas de infinito y eternidad al mostrar, en un gesto que resuena a las mónadas leibnizianas, el universo entero desde múltiples perspectivas peculiares, pues afirma ahí que “Lo que vieron mis ojos fue simultáneo: lo que transcribiré, sucesivo, porque el lenguaje lo es”1. Esta tensión entre dos formas de tiempo nos servirá al analizar el cuento que nos ocupará en adelante. Ni falta hace mencionar la peculiaridad del tiempo en “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” –que sin embargo mencionamos.
El caso del tiempo en “Emma Zunz” se muestra un tanto distinto a los más conocidos temas borgeanos del infinito, la multiplicación y la eternidad. Encontramos ahí un entramado complejo entre temporalidades superpuestas que conjugan en la experiencia de Emma Zunz todo su entrecruzamiento y sus puntos tangenciales de mutua permeabilidad. El despliegue del orden temporal peculiar que corresponde a este cuento no puede comprenderse bajo una perspectiva de actitud natural. La temporalidad de los hechos relatados no se inscribe en la lógica de una causalidad lineal, de una consecución inmediata. Se trata, en cambio, de un complejo temporal constituido cuyos momentos o fases –aparentemente inconexas bajo una mirada cotidiana– sostienen relaciones de mutua implicancia en sus motivaciones y proyecciones; Emma está inserta en un sistema-mundo que se cierra sobre sí mismo, circunscripto por un tiempo y espacio en el sentido corriente, pero que corre en paralelo y superpuesto al mundo de temporalidad regular al que ella pertenece.
Ahora bien, si Emma Zunz tiene, en general, una experiencia del tiempo tal como la que conocemos y vivimos todxs nosotrxs, ¿cómo es que ingresa en esto que hemos llamado el “sistema-mundo” superpuesto? ¿Cómo llega a la experiencia de un tiempo paralelo que corre bajo su propia lógica? Hay, al comienzo del cuento –puesto que lo que interesa no es la vida de Emma Zunz, sino el hecho grave que vivió–, un punto de quiebre en su vida que significa, al mismo tiempo, un quiebre en el tiempo de la lógica de la causalidad en su sentido cotidiano. Aquel en que queda inserta nuestro personaje es un tiempo ajeno al tiempo, esto es, en el sentido de que escapa a la lógica de la consecuencia en su forma más básica de causa y efecto inmediatos. Se trata de un tiempo en que “el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, [en que] no parecen consecutivas las partes que los forman”2. Esta caracterización corresponde a lo que en el cuento aparece bajo el rótulo de hechos graves, y por su medio se nos explicita un quiebre, una ruptura violenta, un tronchamiento, de lo que los constituye respecto de sus estrictos límites temporales-reales. No es casual la aclaración de que “los hechos graves están fuera del tiempo”3. Lo que podemos leer en el cuento es un esbozo de una explicación, desde una perspectiva y a través de un lenguaje corrientes, de lo que ha sido el hecho grave –y cabe aclarar que los hechos graves son todos, según su propia estructura, unitarios– que vive Emma Zunz.

Dentro de la unidad de un hecho grave todo aquello que queda dentro de su sistema cerrado cobra un relieve mayor, pasa a primer plano, relegando aquello que le es ajeno. Es importante remarcar el carácter aparente de la no-consecución de las partes que lo forman, puesto que sus momentos sostienen entre sí una causalidad, implícita en el uso del verbo “parecer”, que de por sí no es evidente en tanto se la piensa desde la temporalidad común, es decir, desde una perspectiva tal como la nuestra. En tanto se forma un hecho grave unitario, englobante en una no-linealidad, sus partes tienen entre sí relación de motivación como momentos no-independientes de un todo. Lo que esto quiere decir es que, en la unidad cuasi-atemporal del hecho grave, cada momento o parte –que, insistimos, entendemos como separados desde nuestra perspectiva– encuentra con las restantes un nexo en una estructura móvil en torno a un centro del que se desprenden. Ahora bien, caracterizamos a los hechos graves como separados y cerrados en sí mismos, pero esto no significa que Emma Zunz tan sólo se mueva en aquel sistema cerrado. Esas características refieren a la sustancia de los hechos graves, pero nuestro personaje no pertenece a tal sistema, sino al mundo de la lógica temporal de causalidad directa: este “ser-cerrado” es relativo al sistema unitario, pero la forma de estar en él de Emma Zunz admite una complejización en la medida en que no es su realidad, sino que está forzada a ingresar en ella por una violencia ejercida sobre dicha realidad. Para resumir esta caracterización por contraste, los hechos corrientes se distinguen por ser algo más bien delimitado en el tiempo, con límites precisos y claros, incluso en algunos casos como algo que se da en un momento particular, instantáneo, abstractivamente separables de su linealidad. No es tal el caso de los hechos graves. Están, como se indica en el relato, constituidos por partes que lo forman, partes no consecutivas en el sentido clásico, pero que tienen relaciones de motivación, si no de causalidad, entre sí.
Volvamos entonces al momento bisagra que introduce este hecho grave por sobre los hechos corrientes. El punto de quiebre que introduce a Emma Zunz en la temporalidad propia del hecho grave, que concluye tras la muerte de Aaron Lowenthal y su denuncia que “se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta”4, se da con su conocimiento de la muerte de su padre. Esto es, al mismo tiempo, el centro de la estructura particular del hecho grave, puesto que aquella muerte –y no el conocimiento de la misma– “era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin”5. Si bien Emma sigue en el mundo en que es trabajadora de la fábrica de textiles, donde tenía de mejor amiga a Elsa Urstein, etc., está ya en simultáneo en la esfera de la temporalidad alienada, y realmente presente o viviendo en ésta en detrimento de aquel. Para aclarar esto, resulta relevante traer a colación lo que piensa, según el narrador, luego de su violación, a saber: “Quizás le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas”6. La valencia de esta aclaración es doble: por un lado, su accionar no parece influir, y de hecho se afirma que no lo hace, sobre el mundo ajeno a su hecho grave; por otro, a Emma le parece que las calles tienen un insípido trajín. Por medio de este sentido duplicado de la alienación que percibe Emma encontramos que su mundo circundante peculiar corre en paralelo y superpuesto –justo, escindido– al cotidiano.
Al leer la carta detonante del hecho grave, Emma tiene un sentimiento “de ciega culpa, de irrealidad, de frío y de temor; luego quiso ya estar en el día siguiente. Acto continuo comprendió que esa voluntad era inutil”7. Esta cita, que se encuentra al comienzo del cuento, predelinea ya elementos fundamentales para el desarrollo posterior; adelanta, también, cuestiones que luego recibirán su cumplimiento o sentido por lo temporalmente posterior, así invirtiendo la lógica lineal en que lo primero informa a lo segundo. La comprensión de Emma de la inutilidad de su voluntad –que se muestra como un elemento fundamental para la comprensión de la escisión temporal– se debe en parte a que ya con esa lectura fue despojada de su realidad e insertada en aquella otra dimensión. Se trata de una polarización en realidad-irrealidad que ocurre sobre la “realidad” original; recordemos que “irrealidad” puede ser sinónimo de “idealidad” en el sentido de lo que está fuera del tiempo. En tanto lo que relata Emma es sustancialmente verdadero, y responde a una “Justicia de Dios” –nueva polarización en las figuras de justicia-Justicia– ¿Es la dimensión clasificada de “realidad”, frente a la de “lo infernal”, clasificada de “irreal”, la verdadera? ¿o es más bien aquella que permite verdades sustanciales, que no se corresponden con las “verdades” de la “realidad” por tener una lógica distinta, inefable, la Realidad? Desde un punto de vista idealista, ¿no es acaso lo inmutable, esto es, lo que está fuera del tiempo, lo verdadero?

Entonces, habiendo establecido estas polaridades es preciso aclarar la situación ambigua de Emma Zunz como perteneciente a un mundo de hechos corrientes y traspolada a otro de un hecho grave. Los sucesos ajenos a su temporalidad alienada no influyen sobre ella, del mismo modo que su accionar no influye sobre aquellos; lo que sucede fuera no la alcanza con el impacto que debiera, o quizás su percepción de aquel afuera no es alterada por lo que le ha sucedido puesto que se desarrollan en dimensiones diversas. En la misma línea, encontramos que “acaso se vio multiplicada por espejos”8, indicando así una dualidad o multiplicidad de estratos de realidad. Es por esta razón que, al referir los hechos de la mañana previa a la ejecución de su acometido, en la espera casi interminable que concluiría con una restauración del orden, alcanzando “la simplicidad de los hechos”, es decir, una vuelta a la linealidad y lógica de la consecuencia en el tiempo regular, acabando finalmente con ese “seguir sucediendo sin fin” de la muerte de su padre, destaca únicamente el hecho de haber llamado a su jefe con la excusa de tener información respecto a la huelga y la lectura del diario, específicamente la noticia de que el navío Nordstjärnan zarparía esa noche. Quitando estos dos elementos cruciales, “ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana”9. Vale la pena volver sobre esta información proporcionada puesto que esos dos hechos destacados resultan esenciales para la resolución del hecho grave, para la restauración del orden por medio de lo que Emma Zunz considera “justicia” –de hecho, Emma se considera un instrumento para la justicia, que puede indicar una cierta Teleología Superior.
Pues bien, encontramos a Emma Zunz escindida en dimensiones polares: por el lado cotidiano, está en la realidad, se considera instrumento de justicia, se mueve dentro de una temporalidad sujeta a la legalidad de las causas y efectos inmediatos; por el lado del hecho grave, se encuentra en la Realidad, sirve a la Justicia –que es, vale aclarar, el motivo de que no haya sido castigada luego de la resolución del hecho grave– y está en un tiempo que corresponde a esos estratos ajenos a lo cotidiano, en un sistema con su propia lógica que no corresponde a la comprensión humana y que opera una suspensión del tiempo como lo entendemos. La comprensión que expresa Emma de lo fútil de sus propios deseos al ingresar en el estrato del hecho grave se funda en el sentimiento de irrealidad que le antecede, y esa irrealidad encuentra su punto de máxima confusión la tarde de la realización de su cometido. Es por esta razón, por la no-comprensibilidad o, si nos atenemos a un plano ante-predicativo de la experiencia, la inefabilidad de la lógica y secuencialidad que opera en la temporalidad de “aquel tiempo fuera del tiempo, aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces”10, que “referir con alguna realidad los hechos de aquella tarde sería difícil y quizás improcedente” en la medida en que “un atributo de lo infernal es la irrealidad”11. Encontramos aquí un lazo entre lo que ella siente al leer la carta y su estar fuera del tiempo por la repetición de la palabra “irrealidad”. Al mismo tiempo, por el entrecruzamiento de los dos planos de realidad y tiempo, el sentimiento de Emma se adelanta a los hechos, puesto que lo que sucederá ya está predelineado –mas no determinado. Esta razón explica el que, a pesar de que lleve a cabo lo necesario para la restauración del orden, en tanto es “instrumento de la Justicia” aparezcan indicios de confusión entre las realidades superpuestas de nuestra personaje12, que en tanto tales se tocan por su condición humana, por su ser ajena a la dimensión de eternidad. Por más que Emma esté inserta en aquella temporalidad y que sus actos no influyan sobre la otra, permanece justamente como Emma Zunz, cuya vida continuará si logra restaurar el orden –por eso, por ejemplo, hace planes con sus amigas para el día después de El Día. Si nos remitimos a la introducción de esta nota, podemos establecer un nexo de comprensibilidad con la eternidad propia del Aleph y la posterior comunicación de lo que expresa –siempre en falta por el hecho de ser una trasposición de un estrato de ser a otro. La dualidad de Emma da cuenta de la culpa que siente al enterarse de la muerte de su padre (causa próxima, pero no sustancial de su violacion). Sin embargo, se trata de una culpa ciega en la medida en que aún no se ha realizado lo que es causante de esa culpa, su violacion, y es culpa que siente en tanto permanece en todo momento, aún siendo instrumento, humana: lo que sucedería estaba predelineado, pero no era necesario. Esto, en conjunción con la consustancialidad de los estratos de ser en que Emma está inserta, explica el que haya momentos de decisión por parte de Emma, aún siendo instrumento de la Justicia y estando sujeta a lo que hemos llamado una “teleología superior”: ella es quien realiza por su propia voluntad la restauración del orden, que implicaba ciertos hechos –“la etapa final sería menos horrible que la primera” y la sensación de victoria implícita al final–13, necesarios en su generalidad, pero no en su especificidad –elige al hombre más grosero para que “la pureza horror no fuera mitigada”14, a la vez indicio de que, aun siendo instrumento “divino”, necesita una motivación humana.
Separemos, entonces, las realidades superpuestas en la medida de lo posible. En la temporalidad del hecho grave la violación de Emma Zunz es causada en lo sustancial por Loewenthal, así como la muerte de su padre, en tanto Loewenthal había sido el verdadero ladrón. Las implicancias de motivación y causalidad se entrecruzan de manera no-lineal, entonces formando el entramado complejo temporal del hecho grave. Esto no significa, sin embargo, que aquellas implicancias sean falsas: “Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio”15. En lo sustancial era cierto; la falsedad de los nombres y las circunstancias se debe a la incomprensibilidad de su verdad en tanto corresponde al plano de irrealidad, en tanto no causal-lineal, en tanto responde a su propia lógica interna. Recordemos que esta irrealidad está signada como la Realidad. Al causar la muerte de Emmanuel, Loewenthal lleva a Emma a prostituirse. Estando las esferas de realidades aisladas pero en contacto, y siendo Emma Zunz instrumento de la Justicia, como su móvil “que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana” –dejemos el paralelo con Antígona para otro escrito–16 no recibe un castigo por lo que en la lógica mundana-regular sería su “crimen y mentira”. Es fundamental la distinción entre la Justicia (restauración del orden) y la justicia (venganza), que encuentra su paralelo, con un triunfo de la primera, en el hecho de que el asesinato de Loewenthal no saliera como lo planeara Emma, incluso no logrando ella su cometido esencialmente humano de hacer saber la razón de su muerte a su jefe en la fabrica. El contacto entre estos planos y la fragilidad del cometido, así como la doble motivación de Emma y las dos caras de causalidades posibles para lo sucedido, se evidencia en que, luego de su violación, “pensó una vez [en su padre] y en ese momento peligro su desesperado propósito”17. De haberse entregado a la linealidad y la lógica de la causalidad, esto es, si en su polarización de instrumento-persona hubiera optado por el último término, Emma Zunz se hubiera perdido.

Para concluir nos valdremos de una cita, un tanto extensa, de Operación Masacre de Rodolfo Walsh. La razón de esto es doble: por un lado, permitirá aclarar, con un arraigo histórico y judicial, producto de un período oscuro de nuestra historia, la distinción de planos que hemos desarrollado; por otro, teniendo en cuenta que Walsh ha sido descrito como el “anti-Borges”, proponemos a Borges en este caso como el “anti-Walsh”.
Ahora viene un señor. Es el mismo señor de antes, el funcionario civil, el jefe de Policía, que ha sufrido una transformación tipo Doctor Jekyll and Mister Hyde, y llega a convertirse en auditor militar, para lo cual su grado de teniente coronel –que antes era indiferente– ahora le sirve. Este señor no puede ignorar que él, civil, ha detenido a Livraga, civil, y que sus relaciones está absolutamente congeladas en ese plano; que ha detenido a Livraga en un tiempo civil, regido por el código, y sólo puede tratar con él en ese plano; y que cualquier trasgresión que cometa a esa norma obvia tendrá que ser juzgada en ese mismo plano, que es inabandonable, o sea tendrá que ser juzgada por un juez civil. Porque ese tiempo de las relaciones civiles entre autoridad y meros ciudadanos no se extingue al ocurrir una subversión; a lo sumo, le subyace; los dos tiempos se superponen, pero no se pueden mezclar. 18
El signo común, sin embargo, entre ambos textos es un paralelismo por su contradicción. Pues lo que describe Walsh en el plano de la realidad histórica es un opuesto en todos los puntos a lo que desarrolla Borges por medio de Emma Zunz en el plano de la ficción. Allí donde Emma Zunz opera para la Justicia, que supera y vence sobre su propio deseo de justicia, el jefe de policía, Fernández Suárez, es instrumento de injusticia por sobre la legalidad supuestamente garantizada en la constitución; donde Emma Zunz escapa al castigo por moverse en el plano superior fuera del tiempo, Fernández Suárez queda impune recurriendo al tiempo que transgrede el derecho; la falta final de mezcla entre planos en el caso ficticio termina asegurando el cometido de su personaje, la mezcla de los tiempos superpuesto en el hecho real deja en libertad a un asesino.
Referencias
1- Borges, J. L., “El Aleph”, en El Aleph, – 8a ed.- Buenos Aires: Debolsillo, 2015, p.X.
2- Borges, J. L., “Emma Zunz”, en El Aleph – 8a ed.- Buenos Aires: Debolsillo, 2015, p.76.
3- Ibid. Las cursivas son nuestras.
4-Ibid., p.79.
5- Ibid., p.73. Las cursivas son nuestras.
6-Ibid., p.77. Las cursivas son nuestras.
7-Ibid. p.73. las cursivas son nuestras.
8- Ibid.
9- Ibid., p.75.
10- Ibid., p.76.
11-Ibid., p.75.
12-Ibid., p.78.
13- Ibid., p.76.
14- Ibid., p.75.
15-Ibid., p.79.
16- Ibid., p.78.
17- Ibid., p.76.
18-Walsh, R. J., Operación Masacre, -44a. ed.- Buenos Aires: Ediciones de la Flor, 2012, p.171.
