La iglesia quemada

Con el tiempo y luego de estudiar un poco de historia del arte he comenzado a disfrutar mucho el mirar las iglesias católicas. Así fuí agregando curiosa y alegremente las iglesias a los paseos improvisados, incluso en ciudades que llevo mucho tiempo caminando. En el verano, tuve el placer de andar por mi querido Santiago de Chile, una ciudad curiosa, difícil de interpretar. Con los años, llegué a considerar a Santiago como una ciudad parecida a sus habitantes;allá está la sensación de que uno debe andar muy atento todo el tiempo, alerta, no va a ser que pase algo, pero en cuanto uno entabla una conversación, en cuanto uno aparta un poco la cortina de la desconfianza, encuentra una sensibilidad muy profunda.

Caminando lento por el barrio Lastarria, un barrio hermoso del centro, de calles estrechas hechas para salir a caminar lento, vi una capilla pequeña de  estilo neoclásico y de colores crema y burdeo a la cual obviamente quise entrar. No estaba preparado de forma alguna para encontrar que puertas adentro estuviese negra de quemada.

Fue una imagen impactante. Un haz de luz atraviesa un pequeño vitral y desemboca en un cristo crucificado que cuelga de negros maderos bajo un negro techo. Si la figura resalta tanto es debido al contraste que genera ver todo alrededor tapado por un color oscuro, huella del rastro inclemente del fuego. El corazón se encoge, las miradas que suben encuentran  hollín por todos lados, con restos de lo que alguna vez fue una pintura y hoy es solo  un marco carbonizado sobre paredes descascaradas.

Sí, quemada, color negro y gris ceniza.

La parroquia de la Veracruz es una de las iglesias que fueron vandalizadas durante las protestas de Chile en  2019.

Sobre la Iglesia de la Veracruz 

La Veracruz no es cualquier parroquia, sino una de las primeras que se erigieron con Chile siendo Chile. Nace como símbolo de un estrechamiento de relaciones entre la Corona española y la nación chilena luego del quiebre que significó la independencia. Financiada entre ambos estados, la parroquia, de estilo neoclásico y de pequeño tamaño,  se construyó entre 1852 y 1857 y se convirtió en un ícono del barrio y parte activa de la comunidad. Debido a su importancia histórica y comunitaria, en 1983 fue declarada como monumento patrimonial del país con el afán de su protección.

El estallido social del 19

Los movimientos de protesta que acontecieron en Chile desde aquel octubre del 19 ascendieron a tal magnitud que sorprendieron a propios y ajenos. En justo reclamo, una marea de gente inundó las calles con una constancia nunca antes vista en el país que duró meses. El clima se volvió una mezcla de muchas sensaciones: esperanza, rabia acumulada, ánimo, tensión, alegría y, lamentablemente, violencia. Las manifestaciones fueron respondidas con una represión brutal que dejaron un saldo escalofriante de heridos y muertos. Por su parte, el vandalismo fue un muy lamentable invitado a la cena, protagonizando ataques a negocios, monumentos,  transporte público y otros. En esos días de extrema tensión social, las protestas alcanzaron también los símbolos religiosos. 

La historia reciente de la iglesia católica en Chile se ha visto marcada por una relación desgastada con el pueblo chileno en general. Supo ser una institución muy valorada históricamente, particularmente por su papel en tiempos de la dictadura, donde fue fundamental en la atención,  documentación y ayuda para con las víctimas del régimen con la llamada “vicaría de la solidaridad”, además de ser un agente crítico de la activa oposición a partir de la postura de sus líderes en aquel momento. Toda esa confianza se vio sumamente golpeada por los escándalos de abuso sexual encubiertos del nuevo siglo, por lo que varios de sus establecimientos se volvieron focos de la creciente violencia. Por ello,  la Veracruz fue varias veces golpeada los días previos al siniestro. Las autoridades eclesiásticas, previendo lo que podía suceder, sacaron en un operativo nocturno las estatuas, las reliquias y el cristo crucificado y las guardaron en la catedral. Duele mucho ver las escalofriantes imágenes del día después, cuando en una nueva jornada de protestas, la iglesia fue objeto de pintadas, intentos de saqueo y, finalmente, prendida fuego. La imagen de las llamas en la puerta mientras los perpetradores y los muchos asistentes lanzaban gritos de victoria fue noticia nacional.

¿Qué se hace con una iglesia quemada?

La vandalización de un edificio patrimonial, como de cualquier objeto de importancia cultural, deja quizá más preguntas que respuestas. Imagino la encrucijada de los responsables del edificio luego del siniestro y las discusiones que debieron tener. En ese contexto, rescato algunas declaraciones del Padre Osvaldo Fernández: “No podemos simplemente pintarla de blanco y hacer como que nada pasó. El camino es otro. Parte por mostrar las heridas, por generar preguntas, por abrirnos a otras voces.”(1). De esta forma,  los primeros trabajos optaron por un plan de reapertura de la iglesia que no negara  su traumático pasado reciente, sino que la mostrara  orgullosa de seguir en pie. En marzo del 24, la parroquia de la Veracruz volvió a abrir sus puertas a la comunidad habiendo cambiado los asientos y recuperado sus imágenes, pero dejando conscientemente  su estructura sin intervenir. La vida religiosa volvió con misas, bautismos, primeras comuniones e incluso matrimonios. Pero no solo eso. Junto a su reapertura,  se  abrió un centro cultural que recorre la historia del edificio desde su fundación. Muestra los planos, relatos fotográficos de antes del incendio, videos de la quema y las actividades desde la reapertura. Además, el obispo resalta la importancia que ha tenido el rol del arte en la vuelta al funcionamiento puesto que periódicamente acuden grupos de guitarra o de música académica a dar pequeños conciertos a quienes pasen a la parroquia. Esto se debe  a la naturaleza del barrio Lastarria marcada por el arte, el turismo y el paseo santiaguino. “No se puede pensar esta parroquia sin su barrio. Es Lastarria quien le da sentido. Es un barrio con una vocación artística, cultural, turística”, señala el padre Fernández de Castro 2. Hay pues una apertura no sólo a la comunidad católica sino a todo aquel que quiera entrar.

No quiero de ninguna forma que se pierda el impacto de lo que vi, porque no hemos de olvidar que todo lo anterior, cada misa, cada celebración, cada parte de la vida de la parroquia se hace bajo la sombra de la quemadura.  Es verdad que cuando entré estaba sonando una suave música clásica y estaba lleno de visitantes, pero no es el mismo entusiasta ajetreo de otros puntos de visita. Allí se está sumido en un respetuoso murmullo, en una reflexión interna muy contrastante con la vida del barrio puertas afuera. La Veracruz es una herida que se deja recorrer,  es un lugar que permite ser habitado por  todas las preguntas. No tapa sus llagas, no oculta el holliín de sus muros ni los maderos negros sino que invita a pensar los porqués del asunto. Se dejó la huella del siniestro y sobre los altares se volvieron a poner los santos que antes pisaban pintura blanca.

La propuesta de dejar que la parroquia dialogue con  su historia sin tratar de negarla convierte su recorrido en un evento sumamente reflexivo y hasta espiritual. Así lo atestiguan los mensajes dejados en el centro cultural de los tantos visitantes que han pasado y han sentido una fibra ser tocada, un encuentro con su fe al ver la figura del Hijo de Dios en alto cuando el mundo alrededor se ha prendido fuego. Quizá vean en todo un símbolo de la resurrección misma. 

Por otro lado, la iglesia permite también una fuerte cuota de reflexión social. Como dije anteriormente, este encuentro significó para mí la aparición de nuevos cuestionamientos más que de respuestas. Provoca preguntas difíciles sobre si la protesta, por más justa que sea, habilita el desconocimiento del patrimonio; sobre los límites de la protesta misma; sobre el valor de aquellas cosas que pueden ser tan importantes para el mismo pueblo que se une al reclamo como para el que no se une, o se une distinto;  sobre el valor del patrimonio y la capacidad estatal de protección; sobre lo que se pierde materialmente.

Este es el tema, lo que se pierde materialmente sin duda es mucho, pero la misma resignificación del espacio trae una experiencia sin igual, saca virtud del caos. Así esta parroquia se ha convertido en algo más que una iglesia, se ha convertido en un punto de convergencia para pensar lo divino y lo humano, lo sagrado y la sociedad misma. El lugar habilita estas preguntas, cuestionamientos y contradicciones, uno se encuentra de frente con la historia misma del país. Te impide mirar a otro lado e invita a la más profunda reflexión.

Me sumo, pues, a esa invitación.

Diego Maquehue Carvajal 

Referencias

(1)“La resurrección de La Veracruz”, Claudia Guzmán, noticias UC.cl, 20 agosto 2025, https://www.uc.cl/noticias/la-resurreccion-de-la-veracruz/

(2) idem.

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