Mafalda el día del golpe
¿Cómo reaccionaría Mafalda a un golpe de estado? ¡Qué preguntita!, ¿no?
Te cuento
Mafalda Inédita es un libro que encontré caminando por mi querido Puan, libro por el cual gasté con curiosidad los últimos pesos que me quedaron después del café. Es una recopilación de tiras que por algún motivo no fueron publicadas en los famosos libritos recopilatorios; según la introducción, estos motivos fueron tres: a Quino le parecían muy aburridas, o respondían a una situación pasajera, o bien (he aquí lo serio) por razones de índole política. El libro acompaña estos cuadritos con un par de líneas por hoja que contextualizan la compleja situación nacional y global que Mafalda habitó, obligándonos a mirar las tiras con un ojo pegado al momento histórico por fuera de ella; gracias a esto, las historietas cobran un sentido del que, de obviarse, se sienten huérfanas. Debo admitir que la propuesta retiró la risa de mi boca y sumió mi lectura en una profunda reflexión sobre esas épocas donde la sensación de que algo realmente feo podía pasar rozaba la inminencia.
Pasa que para nosotros, lectores posteriores, el encuentro con el universo de Quino no fue en la lectura de la tira de forma diaria sino a través de estos recopilatorios posteriores. Esto nos permite una visión, sin duda, mucho más cómoda de la obra al poder apreciarla en su conjunto y desde un anacronismo marcado que trae a Mafalda donde estamos nosotros. Pero este acercamiento anacrónico nos restringe un abordaje de la obra con el contexto suficiente (ni mucho menos total) para entender todos los guiños y referencias. Entonces, la dinámica del libro hizo el camino opuesto: me acercó a mí a Mafalda. Y la encontré mucho más audaz que la que leí siempre, abstrayéndose tanto de su tiempo. Una Mafalda consciente de la fragilidad de la democracia, de un mundo que no le cierra por ningún lado.
El libro te va llevando por tiras que critican el gobierno del doctor Illia y que analizan crudamente la situación mundial. Avanzan sumiéndose en una una tensión in crescendo hasta que, bruscamente, son interrumpidas por la primera plana del diario El Mundo del 29 de junio de 1966: un anuncio en mayúsculas de la asunción de Onganía, una foto de la junta Revolucionaria y un plano americano del nuevo presidente. Esta interrupción de la lectura fue para mí tan violenta que solo atendí a mirarla por varios minutos.

Luego di vuelta la página y vi a Mafalda. Cerré el libro: era mucho por hoy.

Impresiones
¡Ay Mafalda, Mafaldita!
Me re pegó la lectura, viste. Pero, ¿sabes qué pienso de esta tira? Pienso que es el punto cúlmine de toda la obra de Mafalda. Déjame que te cuente.
Tenés que saber que para ese momento ya era una tira que llevaba tiempo siendo publicada, cada vez más seguido. Había pasado de un medio semanal al diario El Mundo donde su frecuencia se hace diaria; este cambio de dinámica es fundamental para esta tira que te mostré. La publicación diaria permitía una relación mucho más directa con los acontecimientos en un contexto complejísimo y no de modo tan general como pudo haber sido un semanario. Te digo, esta tira sólo podría haber salido ese día y sólo ese día.
Para este momento, la dinámica de Mafalda ya estaba lograda, una dinámica tan simple como potente:
“Y se me ocurrió ese mecanismo de que una nena va a la escuela y le dicen: “Hay que ser buena, no pelearse con nadie” y pone la televisión o escucha la radio, mira el diario y ve que los adultos hacen todo lo contrario… entonces, bueno, preguntar por qué.” (Quino, entrevista para Continuará, Canal Encuentro, 2013)
Esta dinámica radica mucho en la personalidad del personaje, pero ojo, no es una forma de pensar estática sino que radica en la contradicción. Mafalda es la pregunta, el pensamiento más crítico posible: el de la niñez; niñez relativamente consciente de un mundo que ha vivido errado pero que la esperanza la aparta de la apatía. Supo Quino hacerse de una dinámica simple y poderosa donde unos pequeños chicos encarnan una lectura del clima de su tiempo. Es el chiste crítico y no la humorada simple lo que la caracteriza. Te digo más, Mafalda nunca se publicó en las secciones humorísticas de los diarios, su lugar era otro. ¿Es humor?, sí, pero no busca la carcajada sino la reflexión. Por ello, no es lo mismo preguntarnos cómo hubiesen reaccionado otros personajes tan prudentemente distantes de los acontecimientos político-sociales de su tiempo; acá eso es el eje central, es plena guerra fría y ella lo sabe, lo siente e interpreta.
¡Mafalda, de tan cerca estás obligada a mirar!
Como la venimos leyendo, conociendo, como va desarrollando su pensar, tiene tanto sentido su reacción porque aún espera tanto del mundo, ¿qué otra reacción podría tener?
Me retracto en los conceptos. Lo que le sigue a esta realidad tan brusca no es ni una reacción ni una reflexión, sino algo a medio camino entre las dos, recién empezando a formularse a partir de un derrumbe del ideal y el tratar de apilar algunos ladrillos esparcidos en el suelo. Ella está ahí con los lectores de ese día y para siempre, enterándose en ese mismo momento. La situación la supera. Tiene un rostro compungido, las comisuras apuntando al suelo, ojos acuosos y un globo de diálogo que no termina la frase, no puede. En esos puntos suspensivos están todas las preguntas, todas las contradicciones, todo el sinsentido.
La tira definitiva
Como consta de esta pseudo reacción que te contaba, es claro que esta tira solo podría haber salido ese día y ese día sólo. La reacción de una Mafalda semanal hubiese sido otra, quizá más reflexiva pero con menos fuerza que la que vimos.
Lo que yo te digo es que esta tira es el punto cúlmine de toda la obra de Mafalda, aún con todos los años que faltan para el fin de su publicación. Esto porque el personaje se ha construido lo suficiente como para que su respuesta ante la caída de la democracia sea una sola y es obligada. De alguna forma es la vez más clara donde esta historieta se ve cara a cara con la historia. Ante esto está un personaje que ha sabido construirse y que, al ser puesta frente a acontecimientos que la afectan directamente, la reacción es lo que esperaríamos de Mafalda: no se vuelve a la derecha ni a la izquierda sino que sufre un derrumbamiento de esquemas y, de alguna forma, hace culminar su pensamiento. Acá sucede una síntesis de toda su historia, del personaje, del autor, un momento definitivo y obligatorio de expresión que no puede obviarse. Todos los lectores de Mafalda que se encuentran con la tira, incluso los que la conocimos mucho después, sabemos que es la única respuesta posible, y es esa, no hay respuesta.
Por supuesto que esto es algo que te digo yo, andá a saber qué piensa el resto. Igual te digo, es difícil apreciar la grandeza de algo mientras se está construyendo. La forma de una obra no es definitiva hasta su culminación, por lo cual parecería que sólo en su final podemos sacar conclusiones. Por eso, una vez que tenemos al alcance la obra en plenitud hay que ir incluso más allá del punto final, podemos sacar conclusiones de ciertas partes de la misma que destacan por su forma o contenido. Ojo, eso sí, hay que considerar cómo el tiempo ha repercutido en la obra y los múltiples puntos de vista sobre la misma que pueden ser cruciales en su apreciación. Es así cómo las obras no tienen un solo final como tal, sino una serie infinita de posibles interpretaciones y relecturas que extienden su marco. Y eso es maravilloso.
Hay obras que son trascendentales por ser bandera de momentos históricos o porque su constitución generó en el mundo del arte y a nivel social tanto una ruptura de estilo como una lectura de un tiempo. Permítaseme incluir a Mafalda como una de esas obras trascendentales. Y esta tira el momento más cercano que tuvo con la historia misma.
Andá nomás, apurate que el 113 no pasa nunca.
Diego Maquehue Carvajal

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